¡Oh,
Gran Espíritu!
cuya voz escucho en los vientos,
cuyo respiro da vida a todo el mundo,
escúchame:
Yo
llego a ti,
uno entre tus tantos hijos;
soy pequeño y débil.
Necesito tu fuerza y sabiduría.
Deja que
camine en la belleza
y que mis ojos guarden el rojo y púrpura del sol que
se pone.
Haz que mis manos sepan respetar las cosas que creaste,
y mis oídos sean abiertos para escuchar tu voz.
Hazme sabio,
para que pueda comprender las cosas que enseñaste a mi
pueblo,
la lección escondida en cada hoja y piedra.
Busco la Fuerza,
no para ser superior a mis hermanos,
sino para ser capaz de luchar contra mi más grande enemigo:
yo mismo.
Hazme siempre listo a llegar a Ti,
con manos limpias y mirada recta,
así cuando la vida desvanezca como un sol que se pone,
mi espíritu llegue a Ti sin vergüenza.
©
Silvia Susana Zimerman
Perlas
del Alma
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