Arrojando Piedras.

Arrojando piedras en el océano una noche de verano.


Comprendí que pasar al siguiente nivel de conciencia
requería que dejase atrás mi necesidad de cambiar la
voluntad del Padre de manera caprichosa; también era
necesario que concretara el tipo de vida que deseaba
vivir y que dejase de saltar indeciso de un polo a
otro; siendo honesto, percibí que cargaba un grupo de
gorilas que golpeaban mi cabeza y que representaban
las dos cosas: La manera caprichosa como deseaba
cambiar la voluntad del Padre y la indecisión con la
que expresaba mis deseos de cómo esperaba vivir. Fue
una noche de revelaciones.

 

Tomé varias piedras de la orilla de la playa y empecé
a hablar conmigo, con el Padre y el océano de testigo;
cada piedra simbolizaba una de las dos cosas en algún
asunto específico y cuando impregnaba cada piedra de
mi esencia caprichosa o indecisa, decidía arrojarla al
océano y entregarla al Padre. Arroje decenas de
piedras, despojándome de sentimientos encontrados y de
culpas que no eran mías, pero que inocente llevaba a
mis espaldas. Poco a poco esos gorilas que me estaban
impacientando se bajaron y dejaron de molestar.

 

Tengo un grupo de hermanos a quienes amo y quiero
ayudar; quienes no quieren ser ayudados y a quienes
respeto la decisión de no permitir ser ayudados;
quienes saben expresar de alguna manera que no es
responsabilidad de ellos lo que decidieron vivir, pero
que se las arreglan para con su silencio decirme que
si deseaban ser ayudados sin que ellos lo pidieran,
pero que sabían que yo no quería ayudarlos; así que se
resignaron a que el destino esté en decisiones ajenas
y especialmente en las mías. Desde mi corazón
comprendí que deseaba cambiar sus vidas sin su
permiso, de la manera en que yo creía resultaba mejor
para ellos; pero cuando lo hacía, resultaba que no los
estaba ayudando. En fin, comprendí que el amor es
respeto y que cada persona elige su vida con las
decisiones cotidianas y constantes que toma; mi deseo
de ayudar atravesaba los limites de ese respeto en
donde yo no lo percibía y de esa manera estaba
faltando a mis principios y eso me tornaba indeciso
con respecto a lo que yo deseaba para mi mismo.

 

Así que esta noche, esas piedras simbolizaban
personas, a quienes les hablaba con cariño y después
de concluir esa conversación, dentro de esa piedra las
arrojaba al océano y las entregaba al Padre;
admitiendo que no podía escribir su historia personal
por ellos y confesando que no podía cambiar la
voluntad del Padre de manera caprichosa, interviniendo
en lo que no me correspondía. Fue en cierto modo como
una despedida de viejos patrones innecesarios que me
hacían caminar en círculos y que no me permitían la
máxima expresión del amor; simple: No hay nada más
frustrante que tratar de que otra persona haga algo a
nuestra manera. ¡Nunca sucede! Aunque digamos que es
en nombre del amor.

 

Aceptar que no puedo cambiar algo que no esta en mis
manos, así lo desee, ha sido un paso enorme. Por eso,
muchos gorilas ya no están saltando en mis espaldas.
Ahora, estoy observando mi vida y tanto la indecisión
para decidir como quiero vivirla y los caprichos de
intervenir en donde no es necesario hacerlo, pues el
Padre esta a cargo; han logrado que quede concentrado
en mi centro, en mi historia personal y eso es
grandioso, pues es la parte necesaria para vivir el
siguiente nivel de conciencia. Ser honesto consigo
mismo requiere un carácter permanente y es grato ver
que germina en mi corazón en la estación propicia.

Sky Paradise
07.17.03
Toni Crusade

 

Perlas del Alma

 

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