Transpórtate a
un mágico lugar en el que solo escuches el silencio.
Imagina
como te vas haciendo cada vez más pequeño,
hasta ser un puntito; despacio, muy despacio, imagina que
ingresas dentro de tu cuerpo como si fueras una pequeña
adita ingresando al centro de tu corazón.
Comienza
lentamente a iluminar ese centro de amor con un profundo
y brillante color rosado que se agiganta cada vez más hasta que
veas como si fueran gotas de rosas derramándose dentro
de tu cuerpo, recorriéndolo desde el corazón
hacia los pies y subiendo por la columna vertebral y a la
altura de la nuca se divide en dos y recorre tus brazos hasta
la punta de los dedos. Imagina la luz saliendo por las manos,
visualiza que dos rayos de luz rosados penetran por tu chakra
corona e impregnan tu cerebro, tus ojos, tu rostro entero
hasta verte totalmente encendido de color rosa.
Expande
ese color a través de tu piel hasta verte en el centro
de un huevo rosado. Imagina que ingresas a un arco iris con
magníficos
colores en forma de espiral; allí sientes mucha paz.
Puedes visualizar un pequeño bebé que sonríe
y te tiende las manos.
Levanta
tus manos y toma las manitas tiernas de ese bebé.
Hacércalo hacia tí y hazlo ingresar dentro
de tu cuerpo, para hacer la unión entre tú y
tu niño interior.
Siente
las risas del pequeño niño, siente su
alegría
y su amor, déjate fluir y trata de escuchar que desea
decirte; tal vez escuches un sonido, una música, una
palabra quizás
sin sentido; ese es el sonido primordial conque fuiste creado.