Cada
niño tiene un propósito
sagrado que cumplir: vivir, aprender
y crecer desde el Centro Sagrado
de la Presencia Moradora de Dios
en ellos.
Qué
privilegio es para mí ayudar
a los niños que conozco y a
todos los niños del mundo a
llevar a cabo este propósito,
bendiciéndolos en oración.
Estoy
disponible para los niños
en mi hogar y comunidad al escucharlos
cuando comparten sus sueños
y esperanzas. Les comunico que aprecio
sus talentos y habilidades y el toque
especial que dan al mundo con su
mera presencia.
Cada
vez que comunico a un niño
la verdad de nuestra mutua hermandad,
como Hijos de Dios, bendigo tanto
al niño como a mí mismo
con una comprensión de nuestra
divinidad y nuestro potencial ilimitado.
"Dejad
a los niños venir a mí
y no se lo impidáis, porque
de los tales es el Reino de los Cielos"-
(Mateo 19:14).